lunes, 18 de enero de 2010

Americana


Americana

Benjamín García

¿?

¿Por quién doblan las campanas?
¿Acaso por el ritual de la mañana?
¿Por la muerte niña enana?
¿Vendrá el miedo con oraciones por Ana?
¿Por quién doblan las sabanas?
¿Mortaja perro que agusana?
¿Cielo fuego y gana?
¿Olvidar la pasión malsana?

Ana vana llana lana

¡!

¿Por quién doblan las campanas?
Llevo un traje azul rayos y pana
Saludo al eco y su esposa paisana
Muevo mi plumaje y viene Maryjuana
Abre y besa la ventana
Descarapela el aroma de la banana
Un viejo hechizo ramayana
Ve su cielo arcana
Sus pies de barro en La Habana

Ana Grazna insana
Americana
Americana
Americana

(...)

Jim Barnés se ha ido sin recado
Días con cien más dos horas hado
Tetraburradorcarabinarcabritojarrojarghh
Ruido Ruido Ruido rodado
El dios más liso la armonía robado
Y con uniones y engarces cargado
"Descanso la hora asesinado"
Pasa una muchacha y su comezón a nado
Nalgas flácidas bambolean bostezando
El barbón habrá conferenciado
Los diplomas de la casa decenal Bardo
Mil focos encendidos sobre el cabeceado
León fuego apocalipsis "No where man lisiado"

-- --

¿Sangrado de musa?
¿Sepulcro y bengaluces?
¿Hojas violan becerros?
¿Vacíos envases de refresco?
¿Fenilalanina en los ojos?
¿Sida en vitaminas?
¿Espesor de cocoa al aire?
¿Ordenar infantes?
¿Salsarcoiris embarrada en cristal?

Ana
Ana
Ana

" "

Un hombre apresa al televisor
Llueven búfalos sobre colorado
Caen parados lastiman pecas y sabor
Una lanza cruza al rayado
Dos ardillas simulan pavor
Los renos felices en su danzado
Marco Polo deshace su arena de mor
¡He aquí vuelto y traigo brocados!
Renacer esfuerzo de increíble calor
¡He aquí doy aire calmado!
No se enoja no es el fin de amor
¡He aquí y corazón regalado!
¿Llevarse sus caseríos sin valor?
¡He aquí me revuelco ajando!

Ana grazna insana
Ana americana
Ana americana
Ana americana


Ana grazna insana tarambana
¡¡¡Americana!!!

.-

La carne pregunta al diente
¿Dónde queda la mañana?

viernes, 15 de enero de 2010

Nunca ya es hora

Nunca ya es hora


Benjamín García

He vuelto a soñar contigo, de madrugada. Todos mis sueños son así. Hermosa, ataviada con un suéter gris y un pantalón azul. El cabello corto y delgado, café, almendrado. Esos pequeños ojos y la mirada un tanto soñadora, un poco perdida.

Caminábamos por un terreno baldío. Platicábamos, no sé de qué, yo era quien soñaba pero no alcancé a escucharnos.

Llegamos a la obertura de una barda. Era la entrada a un panteón.

Sorpresivamente me abrazaste. ¡Qué abrazo tan exquisito, tan lleno de cariño!

Respondí con toda la fuerza y ternura de mi ser. Nos dimos un beso. Si los sueños fuesen realidad, habría sido el segundo de nuestra vida. “Nuestra”, un plural trágico para mí.

Un beso lento, sin intervención de la lengua pero con las bocas abiertas.

“No puedo quedarme”, sentenciaste. Comprendí. Tomabas tu camino y yo el mío. Te vi marchar por la abertura del muro, las delgadas hebras castañas agitándose elegantemente y esas delgadas piernas avanzando a la distancia.

Al despertar sentía miedo de que hubieses muerto, de que eso significara el sueño. Las siete de la mañana. Debía levantarme para cumplir con los deberes. Qué me importaba el mundo. Hubiera deseado permanecer en ese otro sitio donde nos amábamos y no era sólo yo quien te amaba.

La vida continuó: los perros no dejaron de hurgar en la basura ni el camión que se la lleva, de pasar; tampoco el sol tuvo descanso, menos el calendario, pues siguió su marcha continua e inclemente.

Me di un baño. El agua se deslizába por mi cuerpo como si deseara cubrirme por entero para librarme de la suciedad del mundo exterior. “Qué bonito sueño”, me repetía una otra vez: “Qué bonito”. Sólo eso, sueño.

Había prometido liberarte de mi enfadoso amor. Todo amor no anhelado estorba, da lata, fastidia. Ya no soportabas mirarlo en mis ojos. Yo no soportaba disculparme por mi amor, ¿debe el amor pedir disculpas?

La última vez que te vi, no lo sabías, pero me despedía para siempre. Mandé un beso que revoloteó como una mariposa que ha logrado escapar de entre cuatro paredes y se va libre para no regresar nunca más.

Creí haberlo conseguido. La sensación dejada por el sueño me indicó la falsedad de mi creencia. Sentía rocas ardientes en mi estómago golpeando las paredes de mi estómago.

Soñé contigo, pero habías dicho que eso nunca iba a ser. Nunca es nunca. Cogí mi vida y me lancé al olvido.

Pasaron tres días luego del sueño. Iba en el transporte, transitando hacia la escuela, a la altura de Echegaray. No sé qué me hizo voltear hacia mi izquierda. Ahí te vi: un suéter gris, un pantalón negro, el cabello corto y delgado, café, como la nuez; la mirada un tanto soñadora, el semblante extraviado, como sin saber qué hacer ante una encrucijada de la vida.

Por un momento dejé anidar la ilusión de que fueses a buscarme, de que ibas para declarar amor, tiraríamos todo y nos marcharíamos por la puerta trasera a Katmandú o a Neptuno, daba igual, juntos, ambos. Me bajé en el siguiente semáforo a ver si pasabas por ahí, a ver si al menos te miraba de cerca y sentía tus mejilla al saludarnos, y vería esos ojos, los que me hicieron perder la razón y perderlo todo, pues me hallaba dispuesto a cualesquier cosa por ti: habría trabajado, usado corbata, comido cebolla, ajo, asistido a misa y hasta habría pensado en madurar.

Pasados quince minutos supe que no ibas a bajar ahí, sobre todo, supe que seguía enamorado, ¿por qué otra razón estaría ahí como imbécil esperando.

Enamorado, yo que ya no creía en eso, que ya no creo. Pero mi estómago, el sueño, mi corazón, la ilusión, mis ojos, tus ojos, el crucero, los caminos, tu voz, mi voz, nada, nunca. Porque nunca es nunca. Y te veo caminar hacia nunca mientras yo me siento en la esquina de siempre. Enciendo un cigarro y otro en la distancia; más allá, lejos, lejos, más que jamás.

Entonces el humo y yo nos hacemos uno mismo. Oigo la voz de tu mamá que grita: Lizbeth, Lizbeth, ya es hora de que te vayas a trabajar.

viernes, 8 de enero de 2010

Sauvigñon

Sauvigñon

Sobre sus pasos
Regresó
Iluminada de lluvia
Luego de soñar sueños
Y sueños que soñaban
Con la saña de la casa
Clavada en la garganta
Regresó
Sin regresar
Como son los regresos
Las vueltas que vuelven para nada

jueves, 7 de enero de 2010

amar




Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.
Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Misionera yugoslava nacionalizada india.


Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.
George Sand (1804-1876) Escritora francesa.


Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.
Françoise Sagan (1935-2004) Escritora francesa.



Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama.
Louis Charles Alfred de Musset (1810-1857) Poeta francés.





Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.
Sam Keen (1931-?) Escritor, profesor y filósofo americano.




Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.
Tácito (55-115) Historiador romano.




El que ha conocido sólo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido mil.
Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.





La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros.
Paul Claudel (1868-1955) Escritor y diplomático francés.



Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.




Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad.
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) Filósofo, físico y matemático alemán.

miércoles, 6 de enero de 2010

Devoción malabar

Devoción malabar

Benjamín García

Como el de Teodora
Es el reino firme paso de león
Que despliega tu grito de lucha
Exige risas
Y un mil malabares
Con luna y sol y planeta
O tirar un palacio
Armado con un balero
Como Teodora digo
Tu piadosa devoción