jueves, 18 de marzo de 2010

Cratilo

Cratilo

Benjamín García

Rascábase la nariz sin fruición y, mientras lo hacía, cayó en el pudor najeriano al ver una banca arqueada, marca indeleble de su derrota ante el peso y la gravedad; es decir, una banca pandeada. Y aunque no ignoraba la no relación de la palabra con la cosa, si aceptaba que gozaba de relación con la historia.
Así pues, supuso que la partícula pan se refería al trozo de harian cusado en la fabricación de las tortas; el de no indicaba otra cosa sino pertenencia y, el ada, sin duda, en referencia al femenino de hado. Un banco es el mejor ejemplo: sólo alguien con la suficiente fortuna y el favor de los hados puede deglutir tanto como para subir de peso hasta el punto de provocar tales arcos. Ya pensándolo mejor, ¿no hado significaba destino y Pan no era un semidiós griego con patas de macho cabrío, muy fresco y relajiento? Destino de ladrón, destino de flautista, árbol que nace torcido sólo la música encera, y luego, enchueca.
En esas andaba cuando al fin logró sacarse el moco; es decir, lo había extirpado. Y habiendo comenzado por pandeado, se imponía seguir la reflexión, esta vez resultaba fácil resumirla: El destino natural de un moco no es ser sonado ni sacado, por eso, cuando es extirpado, no decimos sino que al moco lo han convertido en ex y han ido a romper con su destino. Pegó el moco en la banca, a manera de homenaje y se fue: hallábase cansado.