heavy metal 1

Heavy Metal


Master of puppets
El infierno vale todo eso. Metallica

Cuando Metallica dice Master of puppetes imagino a Dios moviendo los hilos de nuestras vidas, la mía, en particular. Entonces siento una necesidad tan fuerte de apuñalarlo.
Así fue con la primera. Hojeaba revistas en el sanborn’s de los azulejos cuando la percibí a mi lado. Como un poema de Petrarca: dientes nácar, cabellos oro, mirada resplandeciente. Toda ella emanaba un aura angelical. Vestía un uniforme azul, la falda de tono oscuro y el suéter de un tono más claro. Llevaba la falda por debajo de las rodillas y usaba calcetas.
Hojeaba una revista donde aparecían hombres. Una puta con ganas, por supuesto. Sólo se necesitaba lograr que lo admitiera. ¡Ángel! Le gritaron desde lejos. Sus padres. Los seguí por el Eje Central. Ya desde entonces había mucha gente en La Capital. Era viernes, así que ríos de personas cruzaban de un lado a otro.
Yo usaba la ropa como James Heatfield: pantalón de mezclilla y playera negra. El glam se lo dejaba a los maricones que se emocionaban con Can’t this be love, de Van Helen; o con las mamadas de Def Lepard o Bon Jovi.
Sus padres pararon un taxi. Yo hice lo mismo y le pedí al taxista seguirlos. El conductor me preguntó si era yo un agente secreto. Por supuesto. Afirmé. Extraje un delicado y lo lamí antes de fumarlo. El papel arroz era una maravilla. Todo un acto sensual lamer un cigarro antes de fumarlo. Luego el papel arroz se esfumo.
Fumar me ha ayudado siempre a concentrarme en el placer. Nuestra sociedad no sabe disfrutar. Para gozar hace falta atención, no olvido. Aunque gusto de la música dark, me parece que propone el abandono y no la atención. Por eso amo el heavy metal: es música épica.
Se detuvieron en Polanco. En un edificio muy moderno. Ahí descendí. Esperé por tres horas. Hasta que Ángel salió.

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