Historia de prisión 
Benjamín García 

Pues todo comenzó por dos presos. Huyeron una noche. Después supimos que se quitaron la moda a rayas, asaltaron a algunos transeúntes noctámbulos, pues no cargaban consigo ni media moneda. Satisfecho el bolsillo, recorrieron los burdeles, besaron, tocaron, bailaron, sudaron. Casi al amanecer se fueron a dormir. Luego de un opíparo encuentro en el restaurante más caro de la zona, volvieron a las rejas. Ya imaginarás la sorpresa y las preguntas de celadores, custodios, jueces y abogados: "¿Pero cómo que vueltos si ya habían logrado su libertad? ¿Se arrepintieron de su mala acción, acaso?". Dijeron lo siguiente: "Ay, señorías y usías, excelentes excelencias, la inocencia es pecado doblemente cruel: por pecado y por tonto, ¿libre el que reparte el día en 3, 1/3 para una empresa, 1/3 para la cama y el otro tercio para comer, viajar y prepararse en fin para los otros dos tercios? ¿Libre el millonario empeñado en su círculo de inversión-ganancia-inversión. No. Si las rejas son cosa decente, y el resto, no son mis esclavos, pero sí mantenerme decidieron, ¿quién soy para oponerme?, y miren ustedes que ni el más rico contrata tantos guardias como nosotros". Les preguntaron entonces el motivo de la huida, adujeron así: "Mujeres y trago que no somos santones, no gustamos de beso y beso entre matones, así que si ustedes hallan satisfecha la curiosidad, nos retiramos a nuestros aposentos"... Y así empezó tan gran fiesta, sabemos que afuera rueda el mundo, pero aquí, custodios, jueces, abogados, visitas, directores, psicólogos, reos y colados, vivimos todos en la santa soledad de la pachanga, el amor y la bebida, ¿y los de afuera? Que se jodan si no son compañía.
Benjamín García 

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