lunes, 2 de julio de 2012

La vida de un gamer y Ken

La vida de un gamer Benjamín García Lo peor es perder la vida. Justo cuando se acabó el dinero. En la pantalla aparece un escandaloso y burlón "Game Over". En consolas como Sega y Nintendo había "continues": la posibilidad de resucitar y terminar con los enemigos. En X Box y Play Station la muerte ya no es un problema, sólo guardar paciencia y reintentar la misión hasta lograrlo. Mi vida con los videojuegos comenzó como a los diez años. Por la calle había locales de videojuegos, en México los conocíamos como "maquinitas". Un día llegaron visitas a casa, parecía que el tema era grave, mi madre cogió unas monedas y me solicitó ir a las "maquinitas". Nunca había jugado. Moon Patrol, un juego de Atari, mi primer reto. Una especie de vehículo robot debía avanzar por el suelo marciano. Luego Popeye,Yie-ar-kung-fu, P.O.W., Double Dragon, Robocop. Un niño solitario como yo al fin había encontrado un refugio, un otro mundo donde me sentía a gusto, donde era el héroe y donde la muerte se superaba con otra ficha. Estudiaba computación antes del imperio windows, cuando llegó a México Street Figther II, un revolucionario juego que involucraba 6 botones y la posibilidad de armar diferentes estrategias, por parecido que fuera, nadie jugaba de la misma forma. Además, podías escoger entre 8 personajes, cada uno con golpes, patadas y estrategias propias. La cosa no paraba ahí, podías retar o ser retado, de hecho el juego como historia importaba poco, era la famosa "reta" la que nos impulsaba a jugar y jugar y jugar. No volví a entrar a las clases de computación. Cuando volví a tocar una computadora ya nadie usaba el sistema operativo, aparecía una cosa que llamaban windows y de la que yo no entendía nada, ni me importaba. Mis cogeneracionales y yo estábamos enfrascados en una lucha karateca, el futuro se nos había agotado, ya no había sueños revolucionarios y no aspirábamos sino a pasarlo bien. Aunque de vez en cuando nos liábamos a golpes, tanto pacifismo y romanticismo ñoño de los 80, nos había convertido en chavos ligth, preferíamos externar nuestras ansias tanáticas en aquellas retas. Al principio yo era muy malo, pasaba la ficha por la ranura, presionaba "start" y me daban en la madre. Gasté mucho antes de aprender a manejar a Ken y su famosa "cachetada", pero una vez que la aprendí fui casi invencible.

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