martes, 2 de mayo de 2017

Mediación

Que todo esté mediado por la teoría no es motivo para negar La Verdad.

Bestia humana

La dominación de la naturaleza debe conllevar a la dominación del hombre sobre sí mismo, esto ya no entendido como represión sino como la expansión de su humanidad, convertir lo humano en más humano.

Plan de acción

Pasar de la necesidad a la utopía 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Inuyasha en Garibaldi

Inuyasha en Garibaldi

Benjamín García 


Hace años que él manga (cómic japonés) superó a los 

cómics norteamericanos. Es verdad que Supermán y Batman son personajes conocidos universalmente, pero no dejan de ser demasiado usakas, demasiado guardianes del orden capitalista. Además de eso, no saben morir en paz, son algo así como personajes zombies.

Samurai X, Dead Note, Evangelion, Robotech e Inuyasha, entre muchos otros son obras concebidas con un fin, no se reciclan una y otra vez, claro, algunas son iterminables, como One Piece, y la tentación del dinero es fuerte como en el caso de la no muy buena continuación de Dragón Ball.

Inuyasha, obra de la mangaka (se llama así a quien elabora mangas) Rumiko Takahasi, nos muestra que 

los mitos no sólo son historias del, pasado, son parte del discurso del presente, son narrativa. Esto es patente en Inuyasha. El argumento es sencillo: una adolescente llamada Kagome (los imbéciles que la trajeron a México tuvieron miedo de su nombre y lo transformaron en Aome) vive en un templo. Su abuelo le regala la legendaria perla de Shikon. Gracias a ella, y por accidente, viaja por un pozo al pasado. Se encuentra con Inuyasha, un joven "híbrido" (mitad humano, mitad demonio). Él fue engañado por el perverso Naraku para hacer que entré él y su novia, la sacerdotisa Kikio, se asesinasen. Kagome resulta ser la reencarnación de Kikio.

La obra está llena de referencias budistas, del folclor oriental, lejana a los paradigmas y traumas occidentales.

Su narrativa se aleja del maniqueísmo de D. C. o de Disney. Kagome es celosa, Miroku, otro de los personajes, es un monje lujurioso, héroes más cercanos a los dioses griegos que a los asépticos y asexuales de DC-Marvel. 

En México, y en general en América Latina, deberíamos seguir el ejemplo de esta corriente: mandar al diablo el modelo usaka (claro, quedándonos con todo lo que sea posible reciclar) y basarnos en nuestra rica herencia cultural, modelar nuestros personajes y de esa manera modelar nuestra historia y nuestro futuro. 

Se trata de extraer lecciones de las ya existentes. Inuyasha, por ejemplo, a nivel arquetípico, nos muestra la necesidad de controlar (no reprimir), al demonio que habita en nosotros, ¿no necesitamos historias así para que los mexicanos percibamos a nuestros demonios y aprendamos a controlarlos, y en tanto es así, a usarlos en nuestro favor?

El olvidado cómic de El Pantera (llevado muy mal a la pantalla televisiva hace algunos años) recuperaba al personaje del "gaznápiro" (simplón, guarro), el típico mexicano "aventado", feo, seductor y "rompe madres". 

El Santo, uno de nuestros pocos súper héroes, brego entre el orgullo y la parodia. Hoy ha quedado en el franco olvido (a pesar de que hace unos años llegó hasta Cartoon Network).

Necesitamos modelar nuestros ideales (tenerlos), reflejarlos en las manifestaciones populares como el cómic, también en la novela y el cuento.

Después de todo, la historia reciente ha tumbado del pedestal a Los niños héroes, a Hidalgo y un largo etcétera, por tanto es hora contar historias que permitan crear nuevos senderos, no un Inuyasha a la mexicana, sino su alter ego en esta región.


Espada

Espada

Benjamín García


Se acerca la nueva emisión de la jornada sexenal y ya el alboroto es manifiesto. Hace 6 años, decía a mis amigos: No voten, no tiene caso. Los instaba a crear grupos de estudio, a generar propuestas que se construyan desde la colectividad y no desde el Estado.

En ningún momento dije que había que votar por tal o cual, a pesar de ello, personajes como mi amigo, Mauro Nares, me tildaron de priísta. Es decir, estar en contra del sistema y por ello no apoyar ni al sistema electoral ni a algún partido equivale a ser priísta. Esa es la lógica llamada "chaira".

En esta jornada volveré a decir que la transformación social no radica en esperar a que llegue el que sí es honesto, el que sí tiene buenas intenciones; se trata de asumir nuestra condición de sujeto histórico.

Recuerdo que el querido Mauro argüía: Estoy de acuerdo contigo, pero, ¿qué hacemos ahorita? Le dije que nada, nada respecto de los candidatos, lo qué hay que hacer no depende de sexenios, sino de avizorar nuevos horizontes, incluso desde una perspectiva sistémica, no se trataría de pensar en personas, sino en instituciones.

Por desgracia, el pensamiento social sigue anclado a la figura del "elegido", el "salvador", aquel hombre incorruptible y súper justo, el nuevo cristo. Olvidan así, que en el mejor de los casos, un ser así sólo dura una generación y, por otro lado, difícilmente un hombre controla lo que ocurre con un sistema.

Hace poco leía en un foro digital lo siguiente: Está muy bien tanta teoría pero, ¿cómo tomamos el poder? La verdadera pregunta es qué sigue inmediatamente después de tomar el poder. Se desprecia mucha la teoría, la práctica del estudio, pero cualquier transformación relevante, por usar un término contemporáneo, es antes una revolución nerd, una que ocurre en el campo de la cultura, de la transformación de las prácticas cotidianas, una que signifique el estallido de una pléyade de pensadores, de agitadores simbólicos, por así llamarlos.

Así que, para cerrar, digamos que la realidad se cambia con las nalgas, claro, todo comienza sentado, con un libro, una libreta y una pluma, la primera de todas las espadas.