viernes, 4 de abril de 2014

Saber reconocer

Saber reconocer
Big Ben

Que Marvel y DC cómics provienen de una ideología profundamente capitalista ni quien lo dude.
Que las versiones fílmicas continúan ese posicionamiento, tampoco. Ello no me ha impedido nunca disfrutar de las historias de Batman, Spiderman, et alía y, por supuesto, del ultrausaka Capitán América.
Pero hay que reconocer lo debido. Los dos filmes del Capitán América son los mejores de esta oleada Marvel, Thor 1 se defiende, Thor 2 apesta; todas las de Iron Man son infectas; Hulk pasa.
La número 2 del Cap tiene la virtud de ir directo al mentón de George Bush Walker, quien masacró a los iraquíes y a los afganos con el pretexto de "la guerra preventiva".
La idea es terriblemente sencilla: si mi vecino es muy distinto de mí, lo más probable es que tengamos problemas, el ser distinto de mí lo convierte en un asesino sanguinario, antes de que me mate lo mejor es que yo entre por su ventana y lo masacre.
En el filme unos ultra súper mega porta aviones híper computarizados son programados para asesinar a 20 millones de personas, elegidos por un programa que los analiza como probables vecinos incómodos, por supuesto, pueden ser mis propios roomies (el quid es su probable peligrosidad).
El Cap, como buen paladín de la democracia, se opone a esta fantasía hitleriana. Es una obra que se debe leer entre líneas, por supuesto, ni por asomo, se trata de una visión revolucionaria, pero ciertamente hace honor a los valores de un súper héroe liberal, la libertad de la posibilidad, la libertad de la falla y la libertad de la probabilidad. Buen puñetazo al nefando Bush.

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