martes, 10 de mayo de 2016

Construcción

Construcción Benjamín García Votar no implica participación en las decisiones políticas, porque estas decisiones se han construido desde antes. Es como cuando una refresquera presenta un nuevo producto, tiene dos opciones: refresco de cola con sabor chocolate y refresco de cola con sabor fresa. En un estudio de mercado, preguntan a las personas cuál prefieren, supongamos que triunfa el de chocolate, ese es el que se lanzará a la venta: ¿realmente la gente participó en la construcción del producto? No, apenas, y muy pálidamente, en la elección entre uno y otro. Los usakas se espantan mucho cuando en un país, según ellos, no hay elecciones libres o un sistema de votación, para ellos el voto es la garantía de la libertad. Nada más pedestre, el voto, en todo caso, garantiza a la clase gobernante la libertad de acción, la legitimidad para operar y decir que decide tal o cual medida en nombre de la democracia. Ir en contra de cualquier gobernante o de cualquier político, ignorando esto, es baladí, basta con convocar a nuevas elecciones y la clase gobernante rota su poder. La única manera de romper este mecanismo es, en primer lugar, no participar del juego, no legitimar mediante el voto; pero eso no es suficiente, se requiere convertirse en ciudadano, en participante de la sociedad, ¿cómo? Mediante la construcción de proyectos autosuficientes, capaces de satisfacer las necesidades de nuestras comunidades. Si es necesario exigir algo al Estado, se le exige, mas no se debe depender de él, la construcción del futuro nunca estará a cargo de uno u otro político, de uno u otro representante (incluso si guarda buenas intenciones), sino que será soportada por los hombros de nuestro encuentro, yo y tú, tú y nosotros, nosotros y ustedes.

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