viernes, 6 de noviembre de 2009

Textos varios de autores varios

Historias
Luis Felipe Hernández

1
Ayer tomé un rollo de papel higiénico y miré a través del tubo como si fuera un catalejo.
Supongo que a la gente que viajaba en el vagón del subterráneo en el cual hice esto, le molestó sentirse observada.
2
Me quedaba una aspiradora por vender. Toqué en una casa. Salieron dos hombres. No parecían hermanos. Ni familiares siquiera. Ponderé las ventajas del aparato, luego que me invitaron a pasar. Uno dio “la compro para mí”, el otro replicó “No, la compraré yo”. Comenzaron a discutir. No teniendo más aspiradoras que venderles, tenían que reaccionar con rapidez: “Mire, usted puede comprarme el aparato –ofrecía a uno de ellos y volviéndome al otro-, y usted puede comprarme los aditamentos: mangueras, tubos, extensiones, lo que guste”.
Pareció como si les hubiera dado la receta para transformar los metales en oro, y accedieron. Compró cada quien lo suyo y yo salí tan contento. Cosas de las ventas.
3
Entiendo que si uno fue suscriptor de alguna revista y dejó de serlo, los de la publicación sigan enviándole mensajes y propaganda, por si alguna vez uno decidiera usar sus servicios de nuevo; pero ¿por qué razón los de la funeraria donde mi madre contrató un paquete continúan enviándole publicidad, si la buena señora empleó el mismo hace tantos años?
4
Hoy se me pegaron las sábanas y no me he bañado para no salir de casa con ellas empapadas. Ha sido un verdadero calvario traerlas recogidas sobre mi brazo izquierdo, todo el día. Doy una pinta entre Gandhi y Jesucristo, de lo más extraña. Con ellas arrebujadas sobre mi regazo, escribo esta nota.
Sólo espero que por la noche, cuando se encuentre de nuevo en la cama, reconozca que su lugar es ahí, y no pegadas a mi cuerpo. Es la primera vez que me arrepiento de dormir en una king size.
5
La diferencia entre ser uno más y ser de gran prestigio consiste en la exclusividad. En la sucursal bancaria de la cual soy gerente, la clientela lo nota: mientras en otros lados sólo cobran comisión por pagos de servicios a personas que no tienen cuenta con ellos, nosotros cobramos, nada más llegar, un cover o cuota de entrada. Todavía más: tenemos un cadenero o fisonomista en la puerta, que elige quiénes son dignos de entra.
Una vez en el interior, hay derecho de apartado en la unifila; y el cliente puede elegir ser atendido en la caja por un hombre o una mujer, previo pago de tal privilegio. Si responde que le es indiferente, le cobramos una cuota mayor, por gris.
Estos son sólo unos ejemplos de lo que puede marcar la diferencia entre se uno más, o ser realmente exclusivo como institución bancaria.


Desolación
Joan Alcover 1854-1926
Palma Mallorca, abogado.
Muere su primera esposa, su hija, su hijo y luego otros dos.

Esqueje: fragmento de raíz, tallo u hoja capaz de reproducir sexualmente toda la planta

Esqueje soy de un árbol, ayer esplendoroso,
cuya sombra cobijo daba a los segadores;
mis armas, una a una, rompió la tempestad,
y el rayo, hasta la tierra, en dos partió mi tronco.

Brotes de hojas escasas coronan este trozo
abierto y sin entrañas que de mi tronco queda;
mi leña vi quemarse; como un humo de fiesta
al cielo vi volar lo mejor que hubo en mí.

Absorbe amarga vida mi raíz prisionera,
siento brotar las hojas, siento correr la salvia,
y hasta que caiga tengo un único consuelo.

Indica cada herida una rama arrancada;
Sin mí, nada diría la mitad que me falta;
Vivo para llorar lo que de mí está muerto.
Argonautas 2
Felix Suárez

Remo la noche inacabable.
Vengo remando hace cuarenta años.
tengo hijos, hijas y habría querido para todos ellos
una vida sin remos
y hermosos ángeles guardianes.

Pero sé bien
que no a otra cosa hemos venido
sino a remar, aspas de ciego.

Oigo a mi lado el chapoteo
nocturno de otros remos,
otros que van o vienen, ejemplo del chorus repeat
o vienen y van
-gimiendo-
hacia ninguna parte.
Declaración de parte
Felix Suárez

Que he perdido el tiempo, Quintiano. Ni lo digas. En todos estos años de vigor pude haber acumulado fortuna, creado fama y haber escrito, sí, todos esos libros diversos por lo que hoy preguntas. He perdido el tiempo, lo sé bien. Otros, no sólo han conseguido el aplauso unánime del pueblo de Roma: hasta en las Galias se mencina con admiración sus nombre. Otros más –me dices tú- han ganado ya el lugar de los sofistas en las plazas y en los grandes torneos literarios.
Me he quedado atrás. El tiempo se me ha ido como un carro sin auriga, y yo, aquí, enceguecido, entre sencillas cosas y lances sin importancia. Viviendo nada más.
Estoy perdido: no sabrán de mí por el filo de mi espada y manos aún por la gloria de mis pobres versos.
Que he perdido el tiempo, Quintiano, dices bien.


Recriminaciones de Uno y sus deseos
Emilio Coco (1940)

Ahora que estoy aquí en los campos eternos
donde la hierba tiene punta de queso
y las colinas son de pastaflora
en que hundir mi hocico hasta el cuello
os quiero contar de cabo a rabo
por qué una noche me dejé morir
atormentado por los aguijonazos del veneno
y por la indiferencia de mis dueños.
Qué mal hay si Herminia a escondidas
me mimaba con cualquier golosina
-pedazos de mortadela enranciada
escamas de parmesano enmohecido-
y sus ojos irradiaban alegría
si le daba la pata como agradecimiento
o me echaba a sus pies con la cola
que se agitaba a sus tiros divertidos.
Uno que ladra sólo a las ardillas
y a los conejos del bosque no es un perro
que no aguza las orejas y que no gruñe
si oye pasos sospechosos tras la cancela
y si llega gente extraña le hace fiestas
como a los de la casa no nos hace falta.
Os he quitado también el fastidio de la perrera
consumiéndose entre tristes gañidos
para no estropear la fiesta de Valeria
que con sus grititos y sus remilgos
extasiaba a su mamá y a su papá.
La noticia os llegó por teléfono:
Ha muerto Uno, sin ningún comentario.
Sólo Francesca se enjugó una lágrima
y me lloró en silencio sobre la cama
ella que de los perros tenía un gran miedo.
Desde el cielo donde ahora me entretengo
Con el ratón envenenado que tragué
Por juego entre las trampas como veneno
Os envío una lamida y un reproche
En la juerga humana que no hace justicia
A nuestra lealtad, lo siento mucho:
Fuisteis unos perros, no digo más.
Fuisteis unos perros, no digo más.

Posdata

Si pensáis erigirme una tumba
que sea en el bosque allá donde el sendero
trepa entre las zarzas hacia el monte
en el sitio en que jadeante por la carrera
me detenía a marcar mi territorio
con un breve epitafio en donde diga:
“De la raza canina fue escándalo.
Generoso con todos... incluso con los ladrones”.



Simpatía

Norma Bazúa

Entre mi gato y yo
hay un convenio eléctrico
un puente de simbiosis que me eriza

Cosmos diminuto
entre luces de mi pelos y sus descargas
sombras comunes atrapan ruedecillas de luz

Su piel lanza insolentes luminarias
mientras la dulzura me circunda
cunde por mi piel la suavidad de su sigilo

Nos miramos audaces escrutinios
mis ojos espejos de sus ojos en una copa de asombro
mientras algo de mí se desprende

Entre él y yo Qué pequeño el espacio
Qué miniatura el tiempo
Un estallido velocidad luz
el maullido de la onda atravesando laberintos
que no acometen más mi libertades

He ido haciéndome gatuna
al acostumbrarme a la domesticidad de los cojines
al placer diminuto de lengüetear la leche

Con disimulo recuento los rincones
ensayo garras dispuestas
estrujo manteles
rasgo ventanas por tardes ya cansadas
El gaterío que ahora soy
Me maúlla ausencias bajo las enaguas.


Argonautas

Felix Suárez

Con todo, Delio, crees
haber cambiado para bien
haber ido, obediente, día con día,
hacia donde tu corazón apuntaba.

Pero muy poco o nada en realidad, Delio,
has aprendido en tu viaje,
como muy poco o nada
aprendieron otros también.

¿Para qué entonces, día y noche,
el martillo implacable de los años,
la oprobiosa lima del cielo?

Míranos aquí, al final, oh, diosa de virtudes,
viejos y babeantes,
viejos codiciosos.

Mejor valdría en verdad
no haber empezado nunca.

El tótem
Philip Hammial (Australia)

Un suicida del décimo piso aterriza en la espalda de un suicida del noveno piso y el noveno sobre el octavo y así sucesivamente hasta la planta baja de edificio (hay incluso un suicida del primer piso que aterriza en la espalda de un hombre en la acera); y así tenemos con estos suicidas frustrados una torre viviente de rostros atónitos; y cuando el hombre en la acera (que esperaba que el semáforo cambie y que es muy fuete) empieza a cruza la calle es aclamado por un estrépito de bocinas y una gran ovación.

Dura Lex

Felix Suárez

Como van las cosas, Flavia,
como transcurre, el agua inexorable de los días,
sin importar cuán jóvenes y hermosos
hayamos sido
ni cuanto gozo
y perdurable amor nos hayamos dispensado
tarde o temprano, Flavia, hermosa mía,
sabremos de dolor de huesos afligidos,
del polvo y la ceniza incontinente de la edad,
de la ardua tos de asfixia,
del súbito derrumbe
que ocurre cualquier noche, de repente,
por última ocasión,
con un estrépito callado de palomas.


La causa del vencedor complace a los dioses, pero las mujeres prefieren a los vencidos... Anónimo. (La odisea de los diez mil, Michael Curtis Ford.

Carnet de identidad


Mahmud Darwish

Escribe
que soy árabe,
y el número de mi carnet es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe,
y con mis camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las rocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo,
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe.
Soy nombre sin apodo.
Espero, pacientero, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.
Mis ráices,
se hudieron antes del nacimiento de los tiempos,
cantes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la yerba.
Mi padre...
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
sin títulos ni nombres.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderos,
¿Te complace?...
Son nombre sin apodo

Escribe
que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un velo;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tornillo.
Que vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en las calles.
Y cuyos hombres todos
están en las canteras o en el campo...
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe,
que robaste las viñas de mi abuelo
y una tierra que araba,
yo, con todos mis hijos.
Qué sólo nos dejaste
estas rocas...
¿No va a quitármelas tu gobierno, también,
como se dice?

Escribe, pues...
Escribe
en el comienzo de la primera página
que no aborrezco a nadie
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues!
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!

Nació en Briwa, Galilea, 1942. Refugiado, presidente de la Sociedad de Escritores y Poetas palestinos.



Ramon Xirau, Cataluña 1924

¿Qué busco en este mundo, sino
tu silenciosa voz
que en el amor pone amor y encuentra amor?

Pero las luces de la ciudad especulan
con el níquel de las ventanas
y no hay vida que no tenga
algún principio puro.

ni nacimiento sin la muerte,
ni estallido sin espuma,
ni negación total sin la presencia.

¿Y qué busco en las cosas,
sino su huella llameante
tu herida luminosa en las hojas
trémulas de pájaros?

Nacimiento sin muerte,
vida que me busca, me enmuralla,
¿dónde tu mar secreto,
inmóvil como el tiempo
de la saeta?

Una voz de desierta se estremece en las faunas
Diminutas del árbol.

(salió de España en 1938 y en 1939 llega a México)

Finis terrae

Tu humedad insondable
Donde hasta el mármol anhela llorar
Sólo se quiebra

Patético dios de la belleza
Camino para develar el misterio
El misterio es el misterio
Aquí sólo hay, mar
Hora de morir jurándote

Otros aforismos
Armando González Torres

Trenos
Nos confundimos: no éramos el rebaño
del buen pastor, sino la piara de cerdos
infestada por demonios.

Caminábamos lentamente, con los ojos bajos y la mente en los infiernos.
Con la luz a cuestas sobre nuestros lomos descarnados.

Tanta era nuestra codicia de saber y tanta la miseria de nuestro entndimiento.
Tanta era la urgencia de decir y tanta la imposibilidad de nuestra boca.
Nustras palabras eran inaudibles y; si gritábamos, nadie entendía ese alarido tan ajeno a la bestia.

Buscábamos algún vestigio en la escritura
y en sentencias antiquísimas.

Entonces dijo: vanidad de vanidades, buscar la palabra en las palabras.

Entonces dijo: no esperes oír en otro mis palabras, míralas fosforecer en el fondo de tu noche.

Historias
Luis Felipe Hernández

1
Ayer tomé un rollo de papel higiénico y miré a través del tubo como si fuera un catalejo.
Supongo que a la gente que viajaba en el vagón del subterráneo en el cual hice esto, le molestó sentirse observada.
2
Me quedaba una aspiradora por vender. Toqué en una casa. Salieron dos hombres. No parecían hermanos. Ni familiares siquiera. Ponderé las ventajas del aparato, luego que me invitaron a pasar. Uno dio “la compro para mí”, el otro replicó “No, la compraré yo”. Comenzaron a discutir. No teniendo más aspiradoras que venderles, tenían que reaccionar con rapidez: “Mire, usted puede comprarme el aparato –ofrecía a uno de ellos y volviéndome al otro-, y usted puede comprarme los aditamentos: mangueras, tubos, extensiones, lo que guste”.
Pareció como si les hubiera dado la receta para transformar los metales en oro, y accedieron. Compró cada quien lo suyo y yo salí tan contento. Cosas de las ventas.
3
Entiendo que si uno fue suscriptor de alguna revista y dejó de serlo, los de la publicación sigan enviándole mensajes y propaganda, por si alguna vez uno decidiera usar sus servicios de nuevo; pero ¿por qué razón los de la funeraria donde mi madre contrató un paquete continúan enviándole publicidad, si la buena señora empleó el mismo hace tantos años?
4
Hoy se me pegaron las sábanas y no me he bañado para no salir de casa con ellas empapadas. Ha sido un verdadero calvario traerlas recogidas sobre mi brazo izquierdo, todo el día. Doy una pinta entre Gandhi y Jesucristo, de lo más extraña. Con ellas arrebujadas sobre mi regazo, escribo esta nota.
Sólo espero que por la noche, cuando se encuentre de nuevo en la cama, reconozca que su lugar es ahí, y no pegadas a mi cuerpo. Es la primera vez que me arrepiento de dormir en una king size.
5
La diferencia entre ser uno más y ser de gran prestigio consiste en la exclusividad. En la sucursal bancaria de la cual soy gerente, la clientela lo nota: mientras en otros lados sólo cobran comisión por pagos de servicios a personas que no tienen cuenta con ellos, nosotros cobramos, nada más llegar, un cover o cuota de entrada. Todavía más: tenemos un cadenero o fisonomista en la puerta, que elige quiénes son dignos de entra.
Una vez en el interior, hay derecho de apartado en la unifila; y el cliente puede elegir ser atendido en la caja por un hombre o una mujer, previo pago de tal privilegio. Si responde que le es indiferente, le cobramos una cuota mayor, por gris.
Estos son sólo unos ejemplos de lo que puede marcar la diferencia entre se uno más, o ser realmente exclusivo como institución bancaria.


Desolación
Joan Alcover 1854-1926
Palma Mallorca, abogado.
Muere su primera esposa, su hija, su hijo y luego otros dos.

Esqueje: fragmento de raíz, tallo u hoja capaz de reproducir sexualmente toda la planta

Esqueje soy de un árbol, ayer esplendoroso,
cuya sombra cobijo daba a los segadores;
mis armas, una a una, rompió la tempestad,
y el rayo, hasta la tierra, en dos partió mi tronco.

Brotes de hojas escasas coronan este trozo
abierto y sin entrañas que de mi tronco queda;
mi leña vi quemarse; como un humo de fiesta
al cielo vi volar lo mejor que hubo en mí.

Absorbe amarga vida mi raíz prisionera,
siento brotar las hojas, siento correr la salvia,
y hasta que caiga tengo un único consuelo.

Indica cada herida una rama arrancada;
Sin mí, nada diría la mitad que me falta;
Vivo para llorar lo que de mí está muerto.
Argonautas 2
Felix Suárez

Remo la noche inacabable.
Vengo remando hace cuarenta años.
tengo hijos, hijas y habría querido para todos ellos
una vida sin remos
y hermosos ángeles guardianes.

Pero sé bien
que no a otra cosa hemos venido
sino a remar, aspas de ciego.

Oigo a mi lado el chapoteo
nocturno de otros remos,
otros que van o vienen, ejemplo del chorus repeat
o vienen y van
-gimiendo-
hacia ninguna parte.
Declaración de parte
Felix Suárez

Que he perdido el tiempo, Quintiliano. Ni lo digas. En todos estos años de vigor pude haber acumulado fortuna, creado fama y haber escrito, sí, todos esos libros diversos por lo que hoy preguntas. He perdido el tiempo, lo sé bien. Otros, no sólo han conseguido el aplauso unánime del pueblo de Roma: hasta en las Galias se mencina con admiración sus nombre. Otros más –me dices tú- han ganado ya el lugar de los sofistas en las plazas y en los grandes torneos literarios.
Me he quedado atrás. El tiempo se me ha ido como un carro sin auriga, y yo, aquí, enceguecido, entre sencillas cosas y lances sin importancia. Viviendo nada más.
Estoy perdido: no sabrán de mí por el filo de mi espada y manos aún por la gloria de mis pobres versos.
Que he perdido el tiempo, Quintiano, dices bien.


Recriminaciones de Uno y sus deseos
Emilio Coco (1940)

Ahora que estoy aquí en los campos eternos
donde la hierba tiene punta de queso
y las colinas son de pastaflora
en que hundir mi hocico hasta el cuello
os quiero contar de cabo a rabo
por qué una noche me dejé morir
atormentado por los aguijonazos del veneno
y por la indiferencia de mis dueños.
Qué mal hay si Herminia a escondidas
me mimaba con cualquier golosina
-pedazos de mortadela enranciada
escamas de parmesano enmohecido-
y sus ojos irradiaban alegría
si le daba la pata como agradecimiento
o me echaba a sus pies con la cola
que se agitaba a sus tiros divertidos.
Uno que ladra sólo a las ardillas
y a los conejos del bosque no es un perro
que no aguza las orejas y que no gruñe
si oye pasos sospechosos tras la cancela
y si llega gente extraña le hace fiestas
como a los de la casa no nos hace falta.
Os he quitado también el fastidio de la perrera
consumiéndose entre tristes gañidos
para no estropear la fiesta de Valeria
que con sus grititos y sus remilgos
extasiaba a su mamá y a su papá.
La noticia os llegó por teléfono:
Ha muerto Uno, sin ningún comentario.
Sólo Francesca se enjugó una lágrima
y me lloró en silencio sobre la cama
ella que de los perros tenía un gran miedo.
Desde el cielo donde ahora me entretengo
Con el ratón envenenado que tragué
Por juego entre las trampas como veneno
Os envío una lamida y un reproche
En la juerga humana que no hace justicia
A nuestra lealtad, lo siento mucho:
Fuisteis unos perros, no digo más.
Fuisteis unos perros, no digo más.

Posdata

Si pensáis erigirme una tumba
que sea en el bosque allá donde el sendero
trepa entre las zarzas hacia el monte
en el sitio en que jadeante por la carrera
me detenía a marcar mi territorio
con un breve epitafio en donde diga:
“De la raza canina fue escándalo.
Generoso con todos... incluso con los ladrones”.



Simpatía

Norma Bazúa

Entre mi gato y yo
hay un convenio eléctrico
un puente de simbiosis que me eriza

Cosmos diminuto
entre luces de mi pelos y sus descargas
sombras comunes atrapan ruedecillas de luz

Su piel lanza insolentes luminarias
mientras la dulzura me circunda
cunde por mi piel la suavidad de su sigilo

Nos miramos audaces escrutinios
mis ojos espejos de sus ojos en una copa de asombro
mientras algo de mí se desprende

Entre él y yo Qué pequeño el espacio
Qué miniatura el tiempo
Un estallido velocidad luz
el maullido de la onda atravesando laberintos
que no acometen más mi libertades

He ido haciéndome gatuna
al acostumbrarme a la domesticidad de los cojines
al placer diminuto de lengüetear la leche

Con disimulo recuento los rincones
ensayo garras dispuestas
estrujo manteles
rasgo ventanas por tardes ya cansadas
El gaterío que ahora soy
Me maúlla ausencias bajo las enaguas.


Argonautas

Felix Suárez

Con todo, Delio, crees
haber cambiado para bien
haber ido, obediente, día con día,
hacia donde tu corazón apuntaba.

Pero muy poco o nada en realidad, Delio,
has aprendido en tu viaje,
como muy poco o nada
aprendieron otros también.

¿Para qué entonces, día y noche,
el martillo implacable de los años,
la oprobiosa lima del cielo?

Míranos aquí, al final, oh, diosa de virtudes,
viejos y babeantes,
viejos codiciosos.

Mejor valdría en verdad
no haber empezado nunca.

El tótem
Philip Hammial (Australia)

Un suicida del décimo piso aterriza en la espalda de un suicida del noveno piso y el noveno sobre el octavo y así sucesivamente hasta la planta baja de edificio (hay incluso un suicida del primer piso que aterriza en la espalda de un hombre en la acera); y así tenemos con estos suicidas frustrados una torre viviente de rostros atónitos; y cuando el hombre en la acera (que esperaba que el semáforo cambie y que es muy fuete) empieza a cruza la calle es aclamado por un estrépito de bocinas y una gran ovación.

Dura Lex

Felix Suárez

Como van las cosas, Flavia,
como transcurre, el agua inexorable de los días,
sin importar cuán jóvenes y hermosos
hayamos sido
ni cuanto gozo
y perdurable amor nos hayamos dispensado
tarde o temprano, Flavia, hermosa mía,
sabremos de dolor de huesos afligidos,
del polvo y la ceniza incontinente de la edad,
de la ardua tos de asfixia,
del súbito derrumbe
que ocurre cualquier noche, de repente,
por última ocasión,
con un estrépito callado de palomas.

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