miércoles, 12 de marzo de 2014

La libertad es un perfume burgués

Pero –y esto es lo definitorio–, es punto de llegada pues el obrero llega al mercado, al ámbito del cambio sancionado por el contrato, derrotado. Ha sido previamente vencido. Fue despojado de su propiedad, de sus medios de subsistencia y de vida. Esta ruptura de la propiedad no se ha realizado en el espacio mercantil ni contractual sino en otro ámbito.
Aquí es necesario recurrir a un razonamiento analógico. Si para obtener plusvalor el capitalista necesita comprar fuerza de trabajo en el mercado, emplearla en el proceso de producción y obtener nuevas mercancías que encerrarán plusvalor, luego deberá volver al mercado para realizar ese plusvalor. Si no lo pudiera hacer sobrevendría la crisis. Luego, para obtener plusvalor son necesarios dos ámbitos estrechamente interrelacionados e interdependientes: (1) el ámbito del cambio donde se compra-vende la fuerza de trabajo, (2) el ámbito de la producción donde se produce el plusvalor y nuevamente (1) el ámbito del cambio en el cual se realizan las mercancías que encierran el plusvalor. Sin estos dos ámbitos no se podría explicar la obtención del plusvalor, del “plus” que se agrega al dinero inicial que funciona como capital. Aunque en la explicación marxiana el determinante es el de la producción, se necesita recurrir también al otro para dar cuenta del proceso global.
Por analogía, para explicar el proceso histórico y político en el cual ha sido derrotado el obrero (colectivo), se necesita recurrir a otro ámbito, previo al del cambio donde se efectúa el perfumado contrato “libre y voluntario”. Éste es el ámbito del poder, el de las relaciones de fuerza, el de la lucha de clases, el de la confrontación. No el contrato sino la lucha es lo fundante, no la paz sino la guerra. Ésa es “la piedra de toque” de la teoría del poder y la dominación en Marx39, aun cuando en la Academia se le niega cualquier aporte teórico en este terreno.
Los obreros son expropiados entonces violentamente de su “naturaleza inorgánica”, de su relación de propiedad, en el ámbito del poder a través de procesos históricos que incluyen el robo, la tortura y diversas formas de violencia (siempre renovadas en el transcurrir del tiempo) como el pillaje, el fusilamiento, el secuestro, la desaparición, etc. Cuando
39 “El marxismo pisa sobre el terreno firme -señalaba provocativamente Lenin- de la lucha de clases y no sobre el terreno de la paz social. En ciertos períodos de agudas crisis económicas y políticas, la lucha de clases se desarrolla hasta llegar a la guerra abierta, es decir, a la lucha armada entre dos partes del pueblo. En tales períodos, el marxista se halla obligado [subrayado de Lenin] a colocarse en el punto de vista de la guerra civil. Y, desde el punto de vista del marxismo, está totalmente fuera de lugar todo lo que sea condenarla en el terreno moral”. Cfr. V.I.Lenin: Obras Completas. Bs.As., Cartago, 1960. Tomo XI,p.213.
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examinemos el status teórico que éste posee en una lectura no economicista de Marx. A partir de este acercamiento podremos llegar a aquellas determinaciones principales para poder explicar de un modo no dualista ni dicotómico la articulación entre economía y poder.
Si en esta perspectiva tratamos de desanudar –para hacerlos observables– los presupuestos implícitos de la categoría central de “capital” habría que preguntarse: ¿por qué el obrero (colectivo) permite que se lo expropie “pacíficamente” cuando realiza su contrato de trabajo con el capitalista (colectivo), en el ámbito de las relaciones de cambio –dinero por fuerza de trabajo–?
En el espacio social del mercado se enfrentan dos poseedores de mercancías aparentemente “iguales”. Existe aquí una relación de valor, donde dos propietarios independientes de mercancías y ajenos entre sí se enfrentan e intercambian sus equivalentes. Estos dos poseedores “iguales” son el capitalista y el obrero, ambos colectivos. ¿Qué posee el capitalista? Dinero. ¿Qué posee el proletario? Su capacidad potencial de realizar trabajo. A partir de una relación jurídica (el contrato) pactan cambiar “voluntaria” y “pacíficamente” sus respectivas mercancías. Uno compra y el otro vende. El que compra paga la mercancía por su valor (éste es un supuesto metodológico al que recurre Marx para simplificar, en la realidad está sujeto a la lucha de clases). Aceptan realizar un cambio de equivalentes, que en realidad es un intercambio desigual pues la fuerza de trabajo es la única mercancía que produce, cuando se utiliza su valor de uso, mayor cantidad que la que corresponde a su propio valor.
Pero ¿por qué motivo el obrero (colectivo) permite esto? ¿Por qué en el mercado acepta pactar y negociar en este contrato tan desfavorable para él, para su familia y para su clase? ¿Qué secretos inconfesables esconde la igualdad moderna38? ¿Qué pecados ocultos y pestilentes se esconden por detrás y por debajo del perfume y el brillo contractual?
El mercado, donde se realiza la transacción contractual, no es el punto de partida sino un punto de llegada. El iusnaturalismo moderno había postulado –aun el más revolucionario, y también el contractualismo “socialista” de nuestros días– que el contrato era fundacional. Nacía algo nuevo. Era el punto de inicio, un axioma para luego deducir desde él. En realidad es el punto de partida en función de la relación de producción que se establecerá luego, cuando el
38 Un interrogante abierto e inabordado que, como ya señalamos, resulta plenamente pertinente frente a la idealización de la igualdad en los modelos comunicativo de Habermas o pragmático de Apel.
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