miércoles, 23 de septiembre de 2015

Quién

Quién entonces

 

Quién me ha de leer entonces

El arrecife el litoral su aire

Río atronante y fluido de alma

Un águila ciega y torpe

Duro lente enojado

El altavoz rencoroso y pío

Un ebúrneo hombro dislocado

Bucle lisonjeríptico y reacio

 

Quién me ha de entonces

Recubrimiento de mosaicos rasgados

Casas rotas de vidrios responsivos

En agujetas calamar y rasguño herido

Descendido el out a ya no afuera

Sonreír y desaparecer en intermitencia

¡Basta, no más y ya nunca!

¡Sirenas para cantar hay que ahogarse ¡

 

Quién hame leerde entonces

Sufrío resfijo inocable inhóspito

Ciufraga sudadano pavoroso

Masuido y rusa asufamido

Quién entonces de leer ha

Y me, y yo no y el en él

O será caer de nadie a nada

 

Buenos de la rosa arma

Y váyanme a morir

Antes me mueran el vaho

Y entonces leer quién ha

Sino yo y el yo y su yo

La vena corriendo la sangre

El quién mi y el aquel su fuego

 

Quién entonces

     Y un vivo y su pan de quien añejo

                      El silencio en la sonrisa vaga

                                       Yo no / sino un muerto

lunes, 21 de septiembre de 2015

Monstruo

El monstruo 
Benjamín García

Lo privado debe haber nacido con el tabú pues antes del tabú no hay necesidad de esconder nada. El tabú funda una oposición semiótica entre lo permitido y lo prohibido lo ordinario y lo escandaloso entre el orden y el pecado si seguimos la fábula bíblica Adán y Eva andaban desnudos en el paraíso sin pudor alguno porque propiamente no se habla de sus hábitos fisiológicos, es de suponerse que procedían como, digamos, los perros, es decir, bestias.
Toda narrativa se funda en una oposición. El mito de nuestra sapiencia omnipotente se basa en esta distancia: humano versus bestia. De ahí que los romanos utilizaran tanto el concepto "bárbaros".
Si pensamos en Palestina e Israel, lo que tenemos, antes que un intercambio de balas y de muertes, es un intercambio de adjetivos: sionista versus terrorista.
La Bestia y lo prohibido son igualados. Es una manera de evadir responsabilidades. Si La Bestia es aquello "horrendo", entonces yo, que no soy "horrendo", soy humano.
Si unos matan, yo no mato, o sí, pero lo hago de manera civilizada, por buenas razones (Inquisición, Estado, Cruzadas, etcétera).
La única manera de salir de esa oposición es hablar desde el yo o el nosotros. Decir, por ejemplo, que la sociedad está podrida, es una forma de decir que yo no estoy podrido. Sería mejor reconocer que formo parte de esa podredumbre: "En la sociedad estamos podridos". 
Si los países, en lugar de aventar bombas (explosivas o mediáticas) hacia quienes no profesan sus credos, cambiaran hacia una narrativa introspectiva, verían su bestia, crearían un léxico para nombrarla y con el tiempo la disolverían en sí mismos.
A manera de conclusión podríamos decir que los monstruos no existen, pero nos encanta nombrarlos.

Camaradas
Benjamín García 

Es maravilloso enamorarse, es fabuloso vivir una noche de buen sexo, es fantástico hallar una amistad; pero encontrar a un par, eso ocurre muy pocas veces, y cuando sucede los ángeles tocan sus trompetas y peen de puro contento.
Así les pasó a Henry Miller y a Anaïs Nïn, los dos escritores, los dos fuerzas elementales, los dos erotómanos irremediables.
Lo suyo no fue amor, no en el sentido de Romeo y Julieta, ni siquiera de Bonny y Clyde. Henry, el autor de Trópico de Cáncer, amaba profundamente a su esposa, June Mansfield. Anaïs se hallaba felizmente casada con Hugo. La de Henry y Anaïs era una de esas raras amistades entre hombre y mujer que, si bien pasan por el sexo, lo trascienden.
Alguna vez leí que Rafael Alberti aseguraba que la amistad era superior al amor, porque el amor es envidioso y termina. La amistad, en cambio, es más duradera, menos castrante.
Además, el amor está condenado al olvido, a la traición, al tedio o a la muerte (como en todo, con sus debidas y rarísimas excepciones).
La amistad también, en ocasiones, cae en alguna de estas situaciones, la diferencia es que no se halla condenada.
Ahora, encontrar un par, un compa, un pata, un camarada, es difícil. Lo fueron Marx y Engels, Borges y Bioy Cazares, Anaïs y Henry, Fidel y El Ché (con todo y las sospechas de trampa del primero al segundo do), Jack Kerouac y Allen Ginsberg.
De momento no se me ocurren más, hay grandes amantes, por supuesto, o amistades famosas, como la de Mark Twain y la de Nicola Tesla, pero la camaradería, la fraternidad cómplice, es difícil hallarlas. 
En ficción pienso en Sancho y El Quijote, por supuesto no son amantes, tampoco amigos, hay cierta subordinación de Sancho al Quijote, sin embargo, hay una relación par entre ellos incomparable. 
Algunos pasan las vida en búsqueda de la media naranja, un desperdicio, sin duda, hay más de una media naranja; en cambio, hallar un par, es como ganar la lotería sin comprar billete.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Impuesto basura

Impuesto basura 
Benjamín García 
Dice mi mamá que uno solo aprende cuando cuesta dinero. El apotegma viene al caso por la enorme cantidad de basureros improvisados a lo largo y ancho de la ciudad.
Para ejemplo las escaleras afuera de mi casa: pasan 3 camiones de basura y al menos dos cuadrillas de limpieza, aun así todos los días se forman cerros y cerros de basura. A ello se suman kilos y kilos de caca aportada, no por los perros, sino por los dueños irresponsables que ven las calles como un enorme cagadero.
La ley del Distrito Federal prevé multas desde 1, 345 hasta más de 13 mil pesos. No conozco a nadie que haya sido multado por tirar basura. Los policías del módulo cercano a mi casa argumentan que "la gente se enoja" si les llaman la atención por incurrir en la falta.
¿Qué hacer entonces? Cobrar. Se puede hacer un rastreo de las colonias más incidentes en la práctica y aumentarles impuestos mediante un pago mayor del predio.
El dinero se podría usar para incrementar el salario de los recolectores de basura, o para colocar contenedores y botes.
Otra opción, como lo indica mi querida Brenda, es privatizar el servicio, en México no nos gustan las privatizaciones, pero somos como los gatitos, aprendemos a periódicazos.

Cadáver semiótico

Cadáver semiótico
Benjamín García 
Vivir es danzar en una constelación de segundos. Enunciar lleva a ser parte de la constelación, como ocurre con las estrellas, lo percibido es un cadáver viviente.
El decir y el pensar son amantes fugitivos uno del otro. Tanto como el contemplar y el pensar. El contemplar es súbito, un acto que se realiza en sí mismo y se agota como si tratase de una cerilla.
El símbolo busca frenar la extinción, dar constancia de lo contemplado, y lo logra, de una manera pálida, seca.
Descifrar el sentido es contemplar y volver a traicionar esta actitud. Una imperiosa necesidad nos urge a detener el fluir de lo visto en signos.
Los signos los colocamos en discursos, para entregar lo contemplado y dar orden al mundo. La semiosis es el castigo por abandonar el contemplar. La búsqueda del sentido es el horizonte cambiando de lugar.
Ningún sentido puede fijarse, es tan sólo una propuesta de lectura.
La lectura debemos entenderla como el momento que sucede a la contemplación. Se lee la televisión como se lee un libro, se lee la telenovela como se lee Crimen y Castigo, como discurso y todo discurso es un proceso.
El mito, mediante la narración, explica al mundo, el origen. Al hacerlo nos da vida, ¿y qué es la vida sino mero transcurrir.
Somos discurso, la vida es siempre un decir, detrás de ello sólo hay un universo mudo.
Cuando alguien dice "yo pienso", al instante de decirlo ya ha ocurrido un crimen, el asesinato del contemplador. El que habla y el que pensó no son el mismo. Y hay más distancia entre quien piensa y escribe, lo escrito es un cadáver perfumado, pero es lo único que nos queda.
Por eso nuestra época se aferra al texto (aunque  pudiera parecer lo contrario, hoy se lee como nunca antes). 
El que vive sólo existe, el texto es.
Antes de nacer, ya éramos discurso y lo seremos luego de morir.


domingo, 6 de septiembre de 2015

Diálogo

El diálogo de los hoy
Benjamín García
El arte no depende del genio ni de la musa, sino del código y del dominio del mismo. Hipólito Taine aconsejaba reconstruir el contexto para entender la obra de un autor, decía, por ejemplo, que si bien Rembrandt es el mayor representante de una generación, hay pintores buenos en su época, acordes a su estilo, tantos como se busquen.
El artista pues, crece en una tradición, y dicha tradición sólo es posible en una comunidad.
Esta comunidad lo es en tanto posee símbolos en conjunto.
Es el caso del lugar común. El apotegma de los poetas es: El primero que comparó a la mujer con una rosa fue un genio, del segundo en adelante: una bola de pendejos.
La originalidad sólo puede medirse en el rasero de la anterioridad. La repetición se juzga con el mismo criterio. Lo primero que hace un aspirante a poeta es descubrir que sus textos están llenos de lugares comunes, ocurre así por no estar dentro de la comunidad, al ingresar, empieza a recibir el código.
El código se conforma de todo lo que rodea y permea a la comunidad, no importa si es pasado, presente o incluso futuro. El artista crea para la comunidad en diálogo con el pasado, en circunstancias presentes y siempre en condicionamiento hacia el futuro.
Si Arjona o los compositores de Luis Miguel y otros tantos quisieran formar parte de la comunidad poética, leerían y acto seguido renegarían de todo lo hecho hasta ahora, como un poeta maduro al revisar sus textos de preparatoria.
La comunidad artística, por tanto, no es un grupo de personas en un momento denominado  llamado presente, es un conjunto de épocas, de símbolos, de leyendas y mitos, de acciones, representaciones en renovación constante, en donde el pasado y el presente no son tiempos distintos, sino continuidades.
Al hablar de artistas contemporáneos, por ejemplo, bien podríamos incluir a Petrarca o a Miguel Ángel. Están ahí no sólo como mera referencia, sino como presencia activa, sentados a la mesa, dispuestos a dialogar.