domingo, 20 de septiembre de 2015

Cadáver semiótico

Cadáver semiótico
Benjamín García 
Vivir es danzar en una constelación de segundos. Enunciar lleva a ser parte de la constelación, como ocurre con las estrellas, lo percibido es un cadáver viviente.
El decir y el pensar son amantes fugitivos uno del otro. Tanto como el contemplar y el pensar. El contemplar es súbito, un acto que se realiza en sí mismo y se agota como si tratase de una cerilla.
El símbolo busca frenar la extinción, dar constancia de lo contemplado, y lo logra, de una manera pálida, seca.
Descifrar el sentido es contemplar y volver a traicionar esta actitud. Una imperiosa necesidad nos urge a detener el fluir de lo visto en signos.
Los signos los colocamos en discursos, para entregar lo contemplado y dar orden al mundo. La semiosis es el castigo por abandonar el contemplar. La búsqueda del sentido es el horizonte cambiando de lugar.
Ningún sentido puede fijarse, es tan sólo una propuesta de lectura.
La lectura debemos entenderla como el momento que sucede a la contemplación. Se lee la televisión como se lee un libro, se lee la telenovela como se lee Crimen y Castigo, como discurso y todo discurso es un proceso.
El mito, mediante la narración, explica al mundo, el origen. Al hacerlo nos da vida, ¿y qué es la vida sino mero transcurrir.
Somos discurso, la vida es siempre un decir, detrás de ello sólo hay un universo mudo.
Cuando alguien dice "yo pienso", al instante de decirlo ya ha ocurrido un crimen, el asesinato del contemplador. El que habla y el que pensó no son el mismo. Y hay más distancia entre quien piensa y escribe, lo escrito es un cadáver perfumado, pero es lo único que nos queda.
Por eso nuestra época se aferra al texto (aunque  pudiera parecer lo contrario, hoy se lee como nunca antes). 
El que vive sólo existe, el texto es.
Antes de nacer, ya éramos discurso y lo seremos luego de morir.


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