lunes, 12 de octubre de 2009

La triste máquina del doctor Bestia

La triste máquina del doctor Bestia


El tigre sueco

Benjamín García


El reciente premio Nobél otorgado al presidente Obama generó sorpresa mundial, hasta en el propio Obama. Tal hecho merece dos lecturas fundamentales. La primera, es la que se ha repetido hasta la saciedad, al menos por los literatos, que ganarse el Nobél no tiene la mayor importancia, que es un premio calculado políticamente.
Es más o menos conocida la historia de que el galardón le fue entregado a Octavio Paz por la intervención de Televisa y del entonces gobernante de México. Se cuenta que a los miembros de Estocolmo se les paseó por las mejores playas del país. Le fue concedido al genial escritor Günter Grass, quien luego de su ingeniosa crítica, hoy piedra de toque de la literatura del siglo XX, en el Tambor de Hojalata, aplaudió los bombardeos de la OTAN a la extinta Yugoeslavia, incluso admiradores del escritor salieron a quemar sus libros.
Pero eso nos llevaría a la segunda lectura, a pensar que quienes le dieron a Obama el premio no son unos ingenuos sino unas personas, casi performanceros, que decidieron darle un tigre a Obama.
En la primera lectura tendríamos que pensar que el puro triunfo de un hombre negro en E. U. ha significado un golpe de timón en la dirección mundial, mi libertario amigo, Marcelino Perelló, hasta descorchó una botella de Champaigne. No se trata de cualquier cosa, Obama llegó con un discurso diametralmente opuesto al de la dinastía Bush. En ningún momento se trata de una revolución, no es que Lenin haya ganado las elecciones en E. U. ni mucho menos, pensarlo así sería engañarse, pero ciertamente significa un cambio fuerte. Mentarle la madre a Bush era sumamente fácil, lo piensa uno antes de hacer lo mismo con Barak.
Por eso la rifa del tigre. Hasta ahora el presidente norteamericano no ha hecho nada, más allá de su triunfo, que le amerite el Nobél, pero ahora el tigre es como un Pepe Grillo, Pepe Tigre, observándolo, golpeándolo con el hocico en las piernas para forzarlo a lograr méritos. Estoy seguro de que Obama hubiera preferido no ganarse nada. Le pusieron la soga al cuello. ¿Sobrevivirá al tigre?↔

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