miércoles, 28 de octubre de 2009

Poemas de un preso

Dos poemas de un navegante que ha tenido la mala suerte de encallar en una celda, pero desde ahí viaja con su pluma por el proceloso mar de la existencia.

Amuletos
Cierra la puerta, echa la aldaba carcelero
Ata duro a este hombre
No le atarás el alma.
Miguel Hernández


Jesús Jiménez Ochoa

Como perros de caza
me tomaron preso.
En el martirio de la travesía
guardé en el arcón de los ojos
un pedacito de cielo
para recordar
mis días de libertad recién perdida.

Almacené en el ánfora del pecho
la fugacidad del aire
para ayudarme a respirar
el enrarecido ambiente.

Fijé en los ventanales de la mente
la tierna imagen de mi hija
mi más grande motivo
para seguir viviendo.

Y retuve en las esquinas
del alma
mi dignidad humana
pues entré a este laberinto
como hombre
y como tal debía salir.

Hoy, cuando la pesadilla
parece que llega al final
la dantesca realidad
no logra hacer añicos
mi pedacito de cielo
cristal de libertad.

Toda la fetidez
el miedo y la ansiedad
que se respira en este ambiente
no pueden contaminar
el aire de libertad.

El acecho del suicidio
los arañazos de la soledad
y la indolencia del tiempo
no consiguen desvanecer
la imagen de mi hija.

Ni vejaciones
ni golpes
ni injusticias
mellaron mi propósito.
Pues como hombre
entré a este abismo
y como hombre debo salir.


Descubrimientos
Cuando llegué a la cárcel
amigos
yo no sabía
que los protagonistas de mi nuevo mundo
serían los colores beige y negro.

Ignoraba que el dolor sería mi enfermedad
el frío mi clima
la humedad parte de la atmósfera
canas y arrugas el maquillaje
La nostalgia de un contagio
y la tristeza mi personalidad.

Que mi puerta sería de acero
un candado mi seguro.
cuatro paredes el espacio
alambre de púas mi altura
gruesos muros y angostas rejas
el largo y el ancho de mi angustia
fríos pisos mi profundidad.

Desconocía que una reja detiene los caminos
Y la palabra “no” toma significado relevante

Cuando llegué a la cárcel
ignoraba
que la soledad sería mi compañera
el miedo mi sombra
y el silencio la disciplina.


Aquí
aprendí que las lágrimas lavan el corazón
que una fotografía puede volverse el más preciado tesoro
y un beso el estallido del amor.

Que las chiches, ratas y pulgas se convierten en mascotas
la fetidez en fragancia
la esperanza en doctrina
y Dios en el más fiel amigo.

No esperaba
que el insomnio fuera la constante
la oscuridad el decorado
la ociosidad el eterno pasatiempo.

No quería aceptar que el odio fuera mi vecino
el llanto la medicina
la insipidez el diario desazón
la amistad el tipo de cambio
y los alimentos la bolsa de valores

Me resistía a creer que los recuerdos
se tornaran grotescos
y las olvidadas cartas se volvieran bálsamo.

Ignoraba que aquí adentro
la libertad es sueño general
y las drogas vehículo de escape

Porque cuando llegué a la cárcel
Amigos
yo no sabía todo esto

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy Bueno!

LUIS GEMINIS dijo...

La casa del jabonero
!!!EL Q NO CAE RESBALA!;